Un nacimiento, un divorcio y un misterio resuelto
Ludovica
Todo empezó cuando mi tía Magdalena se fijó en un enano de ojos azules, tal cual. En principio pensamos que era un enano de jardín, luego se levantó y vimos que no, que realmente era muy bajito. Era Luciano, el enano de ojos azules. Mi tía, se había enamorado de él y ya no había marcha atrás. En Julio se conocieron y en Agosto se casaron. Entonces llegaron los siameses, los gatos, hijos todavía no tenían. Eran una pareja muy singular, Luciano, un enano, y mi tía, una gigante, también de ojos claros. Como por obra de duendes, los siameses también tenían los ojos claros. ¡Pero qué guapos iban todos de paseo, Luciano, Magdalena y los siameses! -¿Son niños o niñas? Preguntaba la gente al ver el cochecito doble y con cara de estupor reculaban e intentaban buscar en su mente el por qué. ¿Sería por le mezcla de un enano y una gigante?, se preguntaban. En realidad, mi tía quería tener hijos,no gatos, pero pasaba el tiempo y no llegaban.
Luciano no era muy trabajador, ni mucho ni poco ni nada y como ninguno de los dos trabajaba al final embargaron su casa y se tuvieron que ir a casa de la madre de Magdalena, o sea a casa de mi abuela. Como habrán imaginado, mi abuela también es gigante, igual que yo y todos los de mi familia. Imaginen la taza del water,más de una vez recogieron a Luciano de entre la inmundicia. Como la casa era de campo, cabían más siameses. Mi tía suplía hijos con gatos. Luciano no sabía qué hacer,no le había dicho a su mujer que además de enano era estéril, y no pensaba decírselo, no quería que le dejara. En un principio le hacía gracia aquello de los siameses, pero es que algunos eran más grandes que él, y eso le molestaba.
Murmuraciones de todo tipo llegan a los oídos de Luciano, la gente llegó a pensar que de su unión con Magdalena salían gatos. El tiempo pasó y la cosa no mejoraba,empeoraba. Nacían gatos dentro de los armarios, otros, grandes como tigres se sentaban en el sofá y cambiaban los canales de televisión, algunos incluso intimidaban a Luciano diciéndole que le robarían a su mujer. Luciano no podía más, no podía luchar con casi 70 pares de bigotes. Y lo bebés humanos no llegaban, él fingía, intentaba engendrar cada noche un hijo, lo intentaba 13 y 14 veces y nada, más que criaban los gatos, como celosos en celo.
Terrorífica era la casa de mi abuela, ya ni los carteros se atrevían a entrar por el camino, dos gatos egipcios custodiaban aquel templo felino y un gran gato negro tamaño jaguar, de los de las 4 ruedas, sentado bajo una higuera viéndolas venir. Y mi tía cada vez más loca y mas obsesionada con los gatos, y más obsesionada con Luciano. -Vamos Luciano,hazme un hijo si eres un enano como Dios manda, le decía. Luciano menguó 20 centímetros y mi tía los creció,imaginen. Pasaron 2 años y todo seguía igual, excepto que habían más gatos y mi abuela había muerto de asco. Ahora vivían solos, el enano, la gigante, los siameses, los egipcios y el pseudo jaguar negro con airbag y elevalunas eléctrico. Yo ya ni iba a verlos, no quería morir como mi abuela, miren que le dije veces que las bolas de pelo iban a ser su ruina.
La gente ya había dejado de murmurar, después tanto tiempo ya nadie esperaba nada, solo más gatos. Y como suele pasar, tópico al canto, dejaron de buscar y encontraron. Algo se removía en las tripas de Magdalena. Luciano incrédulo por fin descansó y recuperó los centímetros que le faltaban. Los gatos hicieron de gatos y se colgaban de las cortinas y afilaban sus uñas en las sillas en señal de protesta,iban a perder su reinado. Por fin, mi tía estaba embarazada. Incompatibles eran los animales con los bebés, pensaron mis tíos, y a fuerza de duchas y baños diarios echaron a los gatos. Mil cuidados para Magdalena, piñas y melocotones en almíbar, friegas con aceite de romero en las piernas y en los pies, chistes verdes para hacerla reír...Así hasta que pasaron sesenta días y parió mi tía. Horrorizados ante los dolores del parto tan prematuros pensaron que de un aborto se trataba y se fueron al hospital. Finalmente mi tía parió, dos pequeños diminutos,casi como Luciano, morenos, muy morenos, bueno para qué mentir, negros, peludos, maullantes y de uñas afilada, ¡ah!, y también con airbag y elevalunas eléctrico. ¡Maldito Jaguar a todo confort!, pensó mi tío, y luego añadió: ¡el divorcio por favor!
Pd. La historia está basada en hechos reales
Dedicado a Irene
Pd. He cambiado el nombre de Mariano por Luciano, me pedían derechos de autor, y no está la economía para tanto.
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sábado, 12 de julio de 2008
domingo, 1 de junio de 2008
Un misterio, una muerte y un matrimonio Fin (1000, ni una más)
Ludovica
Mi padre, accedió a que Figueres le examinara, no tenía nada qué esconder. El informe fue lo que mi madre y el vecindario querían. Ingreso en el psiquiátrico. La alta sociedad funciona así. Tras juicios, testificaciones y el divorcio de mis padres, Roberto ingresó en la “Masía Torribera.” Con su ingreso en el psiquiátrico también desapareció el dinero. Mis padres se casaron en separación de bienes y mi madre que jamás había trabajado, se veía con grandes gastos y pocos recursos.
Escogió la salida fácil, encontrar alguien que la mantuviera, se equivocó. Conoció a Jaume. Él era 10 años más joven, ella se enamoró, rejuveneció, se encandiló y jamás pensó que Jaume le mintiera. Él no tenía dinero, ni posición social, era un encantador de serpientes buscando dinero. Antes de que mi madre se diera cuenta de todo, se casó con él, gastó lo último que le quedaba y esperaba a que Jaume cerrara esos negocios que nunca parecían cerrar.
Escogió la salida fácil, encontrar alguien que la mantuviera, se equivocó. Conoció a Jaume. Él era 10 años más joven, ella se enamoró, rejuveneció, se encandiló y jamás pensó que Jaume le mintiera. Él no tenía dinero, ni posición social, era un encantador de serpientes buscando dinero. Antes de que mi madre se diera cuenta de todo, se casó con él, gastó lo último que le quedaba y esperaba a que Jaume cerrara esos negocios que nunca parecían cerrar.
Yo seguía enamorada de mi padre y el matrimonio entre Jaume y mi madre me abría una posibilidad para sacar a mi padre.
Para Jaume yo no era su hija, era una jovencita atractiva, me aproveché de eso. Unos meses después de la boda, cuando Jaume no podía ocultar su escasez de líquido empecé mi plan. Jaume necesitaba dinero y yo a mi padre. Me aproveché de su deseo y le convencí para que me ayudara a sacar a mi padre del sanatorio. El dinero fue el cebo, Jaume solo pensaba en eso, en la recompensa y en deshacerse por fin de una vieja que ya no le servía para nada. Jaume conocía gente en los bajos fondos que nos podía ayudar a sacar a mi padre, pero me sobraba después de sacar a Roberto.
Conseguimos que mi padre pudiera salir a la calle de vez en cuando con la vigilancia de un familiar. Jaume esperaba su recompensa, y la tuvo. Hice que mi madre se enterara de que se había liado conmigo y lo mató. Yo había recuperado a Roberto, también su dinero, por qué no decirlo. La vida con mi madre no era igual, yo estaba acostumbrada a la buena vida y una pensión establecida no era lo mismo.
Después de estar dos años en Torribera, mi padre ya no era el mismo, las pastillas habían hecho su efecto y había perdido todo el encanto. En una de las salidas estuvimos hablando y me concedió todos sus bienes, sabía que jamás volvería a disfrutar de ellos. Mi padre ya no era el mismo, yo no sentía deseo, ni siquiera cariño. Su mirada reflejaba rabia y ganas de venganza. En una de las salidas permitidas por el sanatorio me pidió que fuéramos a ver a mi madre. Yo no entré, sabía lo que pasaría y pasó. Cuando volví a casa llamé por teléfono a urgencias y a Torribera. Mi madre estaba muerta, mi padre de vuelta al psiquiátrico y después ingresaría en la cárcel. Yo me acababa de convertir en una joven millonaria sin más responsabilidad que vivir.
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Capítulo II,
Ludovica,
una muerte un misterio y un matrimonio
domingo, 18 de mayo de 2008
No hay cuarto sin quinto. Una muerte, un misterio y un matrimonio
Me enamoré de mi padre. No era un amor entre hija y padre, era pasión, como puede sentir cualquier enamorado. Él jamás lo supo. Mi padre se llamaba Roberto, era Juez y venía de una familia muy adinerada, gracias a mi padre vivíamos en una casa de cine, no podíamos pedir más. El lujo era algo diario en nuestra vida, disfrutábamos de fiestas casi todas las semanas, nos íbamos de viaje cada poco…teníamos una vida por todo lo alto…
Desde que cumplí los catorce años dejé de verlo como a mi padre, me gustaba, me enamoré, pensaba en él a todas horas. Nadie sabía nada de esto, era algo entre mis sentimientos y yo, algo que nadie podría entender. Que yo lo mantuviera callado no quería decir que mi madre no se percatara, ella percibía algo raro pero no decía nada. Yo fui creciendo y aquel deseo por mi padre también se hacía mayor. Lo lógico hubiera sido odiar a mi madre, pero no lo hice, yo sabía que esa pasión jamás se materializaría, mejor no odiar a nadie más, solo a mi misma por aquel horrible sentimiento. Tener a mi padre cerca era todo lo que podía soñar, su cariño, su olor, su sonrisa…tenerlo cerca me enfermaba, me hacía desearlo con todas mis fuerzas y a la vez castigarme por todo aquello.
Mi madre empezó a sospechar. Una noche, mi padre se quedó dormido en la terraza, yo me quedé sentada en el comedor toda la noche observándolo y mi madre, desde su habitación, observándome a mí, con el tiempo me lo dijo. Intenté inventar una y mil excusas, pero no me creyó, ella intuía algo y ese algo le repugnaba. Mi madre empezó a rechazarme, ya no me trataba con el cariño de antes, ni a mi padre tampoco. Empezó a tratarnos con desprecio y lo que fue peor, empezó a ignorarnos. Mi padre no entendía por qué, yo intenté salvar la situación por todos los medios, pero no hizo falta, mi madre ya había tomado la decisión. A mi no me podía echar de su casa, era su hija al fin y al cabo, pero sí podía deshacerse de su marido, y así lo hizo.
Vivíamos en un barrio de gente adinerada, pero el dinero en muchas ocasiones hace ser extravagante, incluso raro y malvado. Mi madre siempre se había llevado genial con todo el vecindario y ante cualquier problema se había servido de ellos, en esta ocasión no iba a ser menos. Dios sabe cómo, pero mi madre convenció a sus amigas de que mi padre estaba enamorado de mi, me hizo víctima y a él verdugo. Puso a todo el vecindario en contra de mi padre y se valió del Doctor Figueres, íntimo amigo de la familia. Figueres era psiquiatra y asustado por todo lo que le contaba mi madre, historias inventadas, por supuesto, llegó a la conclusión de que había que examinar a mi padre.
Desde que cumplí los catorce años dejé de verlo como a mi padre, me gustaba, me enamoré, pensaba en él a todas horas. Nadie sabía nada de esto, era algo entre mis sentimientos y yo, algo que nadie podría entender. Que yo lo mantuviera callado no quería decir que mi madre no se percatara, ella percibía algo raro pero no decía nada. Yo fui creciendo y aquel deseo por mi padre también se hacía mayor. Lo lógico hubiera sido odiar a mi madre, pero no lo hice, yo sabía que esa pasión jamás se materializaría, mejor no odiar a nadie más, solo a mi misma por aquel horrible sentimiento. Tener a mi padre cerca era todo lo que podía soñar, su cariño, su olor, su sonrisa…tenerlo cerca me enfermaba, me hacía desearlo con todas mis fuerzas y a la vez castigarme por todo aquello.
Mi madre empezó a sospechar. Una noche, mi padre se quedó dormido en la terraza, yo me quedé sentada en el comedor toda la noche observándolo y mi madre, desde su habitación, observándome a mí, con el tiempo me lo dijo. Intenté inventar una y mil excusas, pero no me creyó, ella intuía algo y ese algo le repugnaba. Mi madre empezó a rechazarme, ya no me trataba con el cariño de antes, ni a mi padre tampoco. Empezó a tratarnos con desprecio y lo que fue peor, empezó a ignorarnos. Mi padre no entendía por qué, yo intenté salvar la situación por todos los medios, pero no hizo falta, mi madre ya había tomado la decisión. A mi no me podía echar de su casa, era su hija al fin y al cabo, pero sí podía deshacerse de su marido, y así lo hizo.
Vivíamos en un barrio de gente adinerada, pero el dinero en muchas ocasiones hace ser extravagante, incluso raro y malvado. Mi madre siempre se había llevado genial con todo el vecindario y ante cualquier problema se había servido de ellos, en esta ocasión no iba a ser menos. Dios sabe cómo, pero mi madre convenció a sus amigas de que mi padre estaba enamorado de mi, me hizo víctima y a él verdugo. Puso a todo el vecindario en contra de mi padre y se valió del Doctor Figueres, íntimo amigo de la familia. Figueres era psiquiatra y asustado por todo lo que le contaba mi madre, historias inventadas, por supuesto, llegó a la conclusión de que había que examinar a mi padre.
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